¿Qué es un edificio de acero?

El acero es uno de los materiales más reciclados en todo el mundo.

Cada año se recicla más acero que papel, aluminio, vidrio y plástico combinados. En los últimos 50 años, el 50% del acero de América ha sido producido a partir de acero reciclado.

Debido a la capacidad del acero de ser reciclado una y otra vez sin pérdida de resistencia o calidad, es económicamente ventajoso reciclarlo.

Estos son algunos otros hechos acerca del reciclaje de acero:

Con cada tonelada de acero reciclado, más de 1000 kilos de mineral de hierro, más de 600 kg de carbón y más de 54 kg de piedra caliza se conservan.

Mediante el reciclaje, la industria del acero está ahorrando la misma cantidad de energía que se utilizaría para alimentar 20 millones de hogares durante un año.

El acero en América del Norte siempre se produce con un mínimo del 25% de acero reciclado.

El acero está en todas partes.

Está en edificios (por supuesto), coches, infraestructura, herramientas, empaquetado, y más. Casi todo lo que se fabrica, o tiene acero en sus materiales o requiere acero para ser creado.

Debido a esta abundancia de acero, es de vital importancia que el acero inutilizable se funda y se convierta en algo útil.

Tu edificio que ahora tiene acero, tuvo una función diferente. Antes de ser un acero de presfuerzo para construir un enorme edificio pudo haber sido uno o todos de los siguientes productos:

Automóviles

El abundante reciclaje de acero ha provocado que la tasa de reciclaje de automóviles aumente a 92.5%. La mayoría de las personas poseen y utilizan automóviles por lo que es importante que se ponga a buen uso mucho tiempo después de que han dejado de circular.

A pesar de que el coche es casi inútil una vez que ha llegado a la chatarrería, el marco de acero y las partes no perderán su valor.

De hecho, el 60% de un automóvil está hecho de acero reciclable. Las piezas de acero serán recuperadas y convertidas en un nuevo producto de acero, posiblemente acero para un edificio.

Los automóviles son la fuente número uno de acero reciclado con 18 millones de toneladas de acero utilizable recuperado cada año.

Envases y contenedores

Los contenedores de acero vienen en forma de pequeñas latas de comida hasta llegar a gigantescos contenedores de envío.

Durante su camino, los envases de acero se utilizan para envasar productos tales como pintura, aerosoles, gasolina, y más. Con la amplia variedad de usos, hay millones de toneladas de contenedores de acero que necesitan ser reciclados.

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Afortunadamente, los contenedores de acero pueden reciclarse en otros productos de acero, incluidos los materiales de construcción. Los grandes contenedores de envío pueden incluso convertirse en casas y edificios modulares rápidamente. El 72% de los envases de acero se recicla.

Otras estructuras o infraestructuras de acero

El acero puede encontrarse en edificios antiguos, vías de tren y puentes. Una vez que estas estructuras han sobrevivido a su uso, el acero puede ser recuperado y convertido en algo nuevo. Edificios comerciales como rascacielos, almacenes y cobertizos son una valiosa fuente de acero para el reciclaje.

Electrodomésticos

Casi todos los electrodomésticos como refrigeradores, estufas y lavadoras contienen suficiente acero para ser reciclados. El acero utilizado en electrodomésticos se recicla a una tasa del 90% por lo que en lugar de terminar en un vertedero tu secadora de ropa antigua podría convertirse en un edificio de acero.

Cuando se construye un nuevo edificio de acero, el marco, el techo, los paneles exteriores y cualquier otra pieza de acero podría haber sido una vez un automóvil, un contenedor de envío, un puente y una plétora de otros productos de acero… ¿impresionante no?

Una visión del minimalismo desde mi propia experiencia

No soy una minimalista estereotipada como se retrata en los medios de comunicación.

Tampoco estoy en una decoración austera, ropa negra y neutral ni tampoco estoy en ninguna corriente de veganismo.

Pero todas estas áreas, es decir: edad, decoración, ropa, comida y medios sociales, me han permitido definir mi propio estilo de vida minimalista.

¿Y no es eso lo que trata el minimalismo, que cada persona define lo que es importante o útil para su propio ser y deja ir el resto?

Me explico. Soy una mujer mayor, ya con un camino andando como para recordar el movimiento artístico con pinturas sencillas de color osado y esculturas espartanas de metal desnudo que primero ganaron el título de “minimalista”.

Ahora, como estilo de vida, el minimalismo me ha permitido empujar hacia la puerta de salida la publicidad agresiva y el consumismo de mi generación y vivir una vida sencilla, a veces incluso espartana.

En cuanto a la decoración, las paredes de mi casa se relacionan con los viejos artistas del minimalismo como Truitt y Klein. . . No mucho en términos de complejidad y patrón. Y, sin embargo, incluso esos artistas usaban mucho color oscuro.

Sí, las paredes blancas que son mi fascinación permiten que la luz natural rebote alrededor de mis muebles minimalistas, haciendo del blanco una opción excelente, aún cuando disfruto del silencio  vigoroso del color fuerte.

En cuanto a la ropa, antes de que el ataque publicitario descendiera, mis contemporáneos y yo crecimos girando a través de un puñado de trajes. Esto está arraigado y es normal en mí. Hoy por hoy tengo un armario minimalista.

Debo confesar que sí tengo mi lado “infiel” ya que el estereotipo minimalista y yo nos separamos en las elecciones de color. Al igual que mi decoración, disfruto de los colores fuertes, una camiseta turquesa impactante o un par de pantalones cortos de color azul cobalto.

Estoy aprendiendo, sin embargo, a comprar más sabiamente.

Al investigar la ropa de manera sostenible y éticamente producida. Me dí cuenta de que mi ropa de color caramelo no siempre es la mejor opción para el planeta.

Sospecho que mi próximo par de pantalones cortos para caminar estará hecho de fibras naturales coloreadas de plantas cultivadas orgánicamente.

Hablando de plantas, no baso mi dieta únicamente en plantas, suelo ser carnívora de vez en cuando. La generación más joven me ha desafiado a pensar en dónde y cómo se produce mi comida, algo de lo que nunca hablamos, ni siquiera pensamos en los años 70 cuando estaba formando mis hábitos de cocina.

Hoy en día, busco la carne de vaca alimentada con hierba, pollos de campo que viven libremente y envases verdes como botellas de leche de vidrio reutilizables.

Tengo familiares y amigos que son veganos o vegetarianos y he llegado a entender su punto de vista, que si bien no es para mí, sí respeto su opinión.

La amplia gama de actividades en los medios sociales tampoco es para mí. Yo no cuenta con una cuenta en las redes sociales e incluso Facebook, francamente me asusta.

Sin embargo, me gusta escribir y por ello es que lees esta humilde experiencia de vida que, posiblemente se identifique contigo o mejor aún, sea un punto de referencia para cuestionar tu propio andar y que puedas definir tus gustos y deseos.

Así es como concluyo esta reflexión: siento que soy una minimalista del siglo XX que finalmente ha llegado al siglo XXI.