Las 5 estrategias del juego para una buena negociación para tu emprendimiento

Para llevar a cabo una buena negociación para tu empresa o emprendimiento, es necesario conocer ciertas reglas del juego y jugarlas a tu favor, claro está.

Ante una negociación debes comenzar con la elaboración de una primera versión del acuerdo.

Un principio absolutamente fundamental de casi cualquier negociación es que tu o tus abogados preparen el primer borrador del contrato que quieres proponer.

Esto te permite enmarcar cómo debe estructurarse el acuerdo, implementar los puntos clave que deseas que no sean discutidos y obtener el impulso de tu lado.

Será normal que la otra parte se mostrará renuente para hacer cambios extensos a tu documento a menos que sea absurdamente unilateral y por lo tanto habrás ganado ya parte de la batalla comenzando con tus términos preferidos.

Dicho esto, querrás evitar iniciar las negociaciones con un acuerdo que la otra parte nunca aceptará. El equilibrio es clave aquí.

Otro aspecto importante es el comprender la dinámica del reparto, lo que es crucial en cualquier negociación. Así que preparate para determinar lo siguiente:

  • ¿Quién tiene el apalancamiento en la negociación? ¿Quién quiere más que el trato se realice?
  • ¿Cuáles son las limitaciones de tiempo del otro lado?
  • ¿Qué alternativas tienes del otro lado?
  • ¿La otra parte va a recibir un pago importante de tu parte? Si es así, el apalancamiento tenderá a estar de tu lado.

Estas preguntas nos llevan a la tercera regla… una negociación es como jugar al póquer y tal como lo hacen los grandes jugadores, debes ser muy listo para identificar el momento de retirarte.

Esto se traduce en ser capaz de jugar al póquer con tu interlocutor y ser capaz de irte si los términos del acuerdo no son de tu agrado.

Esto es más fácil decirlo que hacerlo, pero a veces es crítico para llegar a un juego final beneficioso para tu causa. Para ello es importante que tengas claro tus objetivos antes de comenzar.

No te apresures en la toma de decisiones ante solicitudes ni mucho menos cedas puntos si no obtienes nada a cambio.

El estar preparado con datos de mercado para respaldar el por qué tu precio es razonable o el planteamientos de tus puntos, y si te ves frente a un ultimátum con el que absolutamente no puedes vivir, entonces busca retirarte elegantemente dejando las puertas abiertas.

De hecho, una buena táctica hasta donde vamos es a lo mejor jugar en una “cancha neutral”, por lo que las oficinas en renta son ideales para este propósito.

La última regla corresponde al manejo adecuado del tiempo.

Ten en cuenta que el tiempo es el enemigo de muchos acuerdos. Por lo que es importante entender que cuanto más tiempo un acuerdo toma para ser completado, más probable es que ocurra algo para descarrilarse.

Por lo tanto, hay que ser rápido en responder apoyándote de personas que conozcan del tema como un buen abogado para mantener el momento de los acuerdos en movimiento.

Sin embargo, esto no significa que debas precipitarte en tus negociaciones y hacer concesiones que no necesitas hacer.

El entender cuándo el tiempo está de tu lado y cuándo el tiempo podría ser tu verdadero enemigo es un arte a dominar en una negociación.

Piensa bien antes de independizarte

Se ha vuelto muy común que los jóvenes decidan salir de casa por un arrebato producto de un problema que tuvieron con sus padres o con el familiar con quien estén viviendo en ese momento, otros toman la decisión basados en la vergüenza que podrían sentir al ser molestados por sus amigos o compañeros que ya viven solos, fuera del amparo monetario de sus padres. Sin embargo, el decidir salir del hogar que te han dado tus padres no debe ser una decisión tomada a la ligera, pues conlleva un gran número de responsabilidades.

Te voy a contar la historia de un primo, quien, tras una fuerte discusión con su madre, decidió que era hora de independizarse y así se lo hizo saber. Su mamá sabía de los problemas a los que se enfrentaría porque conocía su situación económica, pero no iba a ser ella quien lo detuviera, sino la vida misma le abrió los ojos.

Francisco o Panchi, como muchos de sus amigos y miembros de la familia le decían, fue en busca de un nuevo lugar para vivir, alejado de los pleitos recurrentes con su señora madre. Además quería aprovechar para encontrar un sitio que estuviera cerca del lugar donde trabajara, así que se dirigió a una zona de venta de departamentos en la Condesa con la esperanza de que alguien estuviera buscando un inquilino. No pensaba en comprar, sino rentar, pero quería hacerlo solo. Tras caminar un par de cuadras encontró en una puerta un letrero con la leyenda ‘en renta’. Tocó el timbre y lo atendió una mujer, quien le reveló el alto precio mensual que pedía. No podía pagarlo, era casi todo el sueldo que percibía actualmente.

Aunado a esto la mujer le comentó que debía firmar un contrato por un año, que era el tiempo mínimo que esperaba su inquilino estuviera habitando el lugar, en caso de salirse antes, debía pagar una multa por incumplimiento, lo que asustó a Panchi, quien comenzó a darse cuenta de la cruda realidad; sin embargo, no iba a desistir.

Encontró un lugar en una zona más sencilla, cerca del metro Balderas, donde pagaba cuatro mil pesos, aproximadamente un tercio de su salario. Se le hizo fácil irse después de que no le pidieran estar cierto tiempo determinado, sólo le exigieron pagar dos meses por adelantado. Conforme pasaron los días, los estados de cuenta de sus tarjetas comenzaron a llegar a casa de sus padres, quienes se los enviaron a su nuevo hogar. Las facturas de los servicios llegaron a su nuevo buzón. Los gastos de comida, bebidas, fiestas y uno que otro antojo no eran tan fáciles como pensó. Entonces, tras dos meses muy sufridos, agachó la cabeza y regresó a casa de sus padres.

“No pienses que aunque una renta parezca barata será fácil. Te fuiste teniendo muchas deudas que podías pagar porque vivías con nosotros. La comida no es barata y menos si no tienes estufa o refrigerador. Piensa tantito antes de dejarte llevar por tus arranques”, fue el consejo que le dio mi tío cuando Francisco entró por la puerta de regreso, cabizbajo y con una nueva enseñanza de vida para el futuro.