No soy una minimalista estereotipada como se retrata en los medios de comunicación.

Tampoco estoy en una decoración austera, ropa negra y neutral ni tampoco estoy en ninguna corriente de veganismo.

Pero todas estas áreas, es decir: edad, decoración, ropa, comida y medios sociales, me han permitido definir mi propio estilo de vida minimalista.

¿Y no es eso lo que trata el minimalismo, que cada persona define lo que es importante o útil para su propio ser y deja ir el resto?

Me explico. Soy una mujer mayor, ya con un camino andando como para recordar el movimiento artístico con pinturas sencillas de color osado y esculturas espartanas de metal desnudo que primero ganaron el título de “minimalista”.

Ahora, como estilo de vida, el minimalismo me ha permitido empujar hacia la puerta de salida la publicidad agresiva y el consumismo de mi generación y vivir una vida sencilla, a veces incluso espartana.

En cuanto a la decoración, las paredes de mi casa se relacionan con los viejos artistas del minimalismo como Truitt y Klein. . . No mucho en términos de complejidad y patrón. Y, sin embargo, incluso esos artistas usaban mucho color oscuro.

Sí, las paredes blancas que son mi fascinación permiten que la luz natural rebote alrededor de mis muebles minimalistas, haciendo del blanco una opción excelente, aún cuando disfruto del silencio  vigoroso del color fuerte.

En cuanto a la ropa, antes de que el ataque publicitario descendiera, mis contemporáneos y yo crecimos girando a través de un puñado de trajes. Esto está arraigado y es normal en mí. Hoy por hoy tengo un armario minimalista.

Debo confesar que sí tengo mi lado “infiel” ya que el estereotipo minimalista y yo nos separamos en las elecciones de color. Al igual que mi decoración, disfruto de los colores fuertes, una camiseta turquesa impactante o un par de pantalones cortos de color azul cobalto.

Estoy aprendiendo, sin embargo, a comprar más sabiamente.

Al investigar la ropa de manera sostenible y éticamente producida. Me dí cuenta de que mi ropa de color caramelo no siempre es la mejor opción para el planeta.

Sospecho que mi próximo par de pantalones cortos para caminar estará hecho de fibras naturales coloreadas de plantas cultivadas orgánicamente.

Hablando de plantas, no baso mi dieta únicamente en plantas, suelo ser carnívora de vez en cuando. La generación más joven me ha desafiado a pensar en dónde y cómo se produce mi comida, algo de lo que nunca hablamos, ni siquiera pensamos en los años 70 cuando estaba formando mis hábitos de cocina.

Hoy en día, busco la carne de vaca alimentada con hierba, pollos de campo que viven libremente y envases verdes como botellas de leche de vidrio reutilizables.

Tengo familiares y amigos que son veganos o vegetarianos y he llegado a entender su punto de vista, que si bien no es para mí, sí respeto su opinión.

La amplia gama de actividades en los medios sociales tampoco es para mí. Yo no cuenta con una cuenta en las redes sociales e incluso Facebook, francamente me asusta.

Sin embargo, me gusta escribir y por ello es que lees esta humilde experiencia de vida que, posiblemente se identifique contigo o mejor aún, sea un punto de referencia para cuestionar tu propio andar y que puedas definir tus gustos y deseos.

Así es como concluyo esta reflexión: siento que soy una minimalista del siglo XX que finalmente ha llegado al siglo XXI.